“Solo quiero ayudar a las personas a escapar de Siria y de las garras del Estado Islámico, para crear una comunidad que sea capaz de defender nuestros derechos”

Subhi nació en Idlib, una provincia al noroeste de Siria, en donde ser gay no solo es muy arriesgado, sino ilegal y castigado con largos años de cárcel. Desde que se propuso ser activista gay, no supo que llegaría tan lejos, más tras presentar su testimonio ante la ONU, fundó Spectra Project ONG EEUU y se convirtió en líder de los refugiados. Hoy nos habla de la organización y de cómo busca retribuir la tranquilidad que ha encontrado fuera de Siria.

¿Cómo ataca el régimen sirio?

No atacaba a los gays individualmente, sino solía llevar a cabo redadas en locales frecuentados por los homosexuales. Se podía vivir, pero extremando las precauciones. Si alguien sospechaba o te delataba, sabías que, con el código penal en la mano, te caerían como mínimo tres años de cárcel, solo por ser homosexual.

¿Qué te ayudó a huir hacia el Libano?

Fue un momento muy dramático. Tenía miedo de salir de casa y de ser acosado. Salir a la calle se volvió un asunto de vida o muerte. Así que decidí esconderme en casa y salir en contadas ocasiones. Me sentí completamente aislado del mundo. Además, mi casa no era un buen lugar. Hacía tiempo que mis padres conocían mi condición sexual, se los dije cuando cumplí los 16 años con la ayuda de un psicólogo y aunque lo sabían, nunca quisieron reconocerlo. Obviamente mi padre fue el que peor reaccionó… El instinto de supervivencia me ayudó a planear la huida hacia el Líbano, por eso escapé algunos meses después.

¿Cómo fue?

El plan necesitó muchos preparativos y recursos, porque sabía que, si llegaba a un lugar donde no tuviera conocidos, nadie me ayudaría al percatarse de mi orientación sexual y me metería en problemas. Seis meses después, viajé a Turquía, donde trabajé de traductor con refugiados sirios, aunque evidentemente el miedo me seguía acompañando, ya que durante mi estancia allí, recibí una amenaza de muerte de un antiguo compañero de clase que se había enrolado en el Estado Islámico (EI) y que estaba al tanto de mi activismo gay. Me hizo llegar un mensaje de que me mataría y un día me llamó desde un número de teléfono turco y me avisó de que vería pronto su cara… Me quedé aterrorizado, porque sabía que los militantes del EI circulaban libremente por donde yo vivía y que era sólo cuestión de tiempo que me encontraran.

¿Cómo es tu vida hoy en San Francisco?

Ya conseguí instalarme en EEUU, donde he comenzado a levantar el sueño americano mientras trabajo en las oficinas de ORAM (Organización para el Refugio, Asilo y Migración), una entidad centrada en socorrer a los perseguidos por su identidad sexual… Mi vida ha sufrido un cambio radical. He pasado de ser habitante del lugar más conservador del planeta a uno de los espacios más libres. Estoy todavía adaptándome, intentado hacer amigos de verdad que me acepten como soy y crear algo que pueda llamarse hogar. Yo solo quiero ayudar a las personas a escapar de Siria y de las garras del EI para crear una comunidad que sea capaz de defender nuestros derechos. Hay que decirle a los pueblos árabes que somos sus hijos e hijas; que en ningún caso somos algo ajeno o un invento llegado de Occidente, sino que compartimos la misma patria y estamos decididos a luchar por nuestros derechos como cualquier otro ser humano.

Subhi es consciente de su fortuna y de que su utopía es ayudar a otros que aún viven encerrados y padecen un terrible calvario.