Son innumerables los casos que podríamos citar. Muchos de ellos nos hablan de muerte, tortura y hasta hechos que sobrepasan nuestra comprensión, en dónde la violencia es simplemente brutal, sin importar género o edad y el nivel de vulnerabilidad de las personas se traduce en desamparo.

Casos como el de un adolescente gay en Somalía, quien fue apedreado hasta la muerte en público, mientras el pueblo fue obligado a presenciar la brutal ejecución. En Sudáfrica, por otra parte, es natural el uso de la “violación correctiva” de la orientación sexual y en Delhi, es igual de frecuente el uso de descargas eléctricas y tratamiento hormonal para “curar” la homosexualidad.

Muchos de los refugiados LGBTI se enfrentan a la discriminación en su lugar de trabajo, lo que genera además inestabilidad económica y dependencia, mientras muchos empleadores se niegan a pagar los salarios a aquellos cuya orientación sexual haya sido descubierta.

Ya no se trata siquiera de poder o igualdad. Es el derecho a la vida, la protección y el desarrollo de cualquier ser humano y hasta dónde podemos no hacer frente a esta realidad.

“Es fundamental contar con una organización en la región de MENA para proteger a las personas LGBTI. Incluso antes de los disturbios en la región, las personas LGBTI fueron considerados una plaga que necesitaba ser curada. Ahora, somos especialmente vulnerables y el blanco de muchos grupos. Estamos frente a una violencia brutal, no tenemos un lugar a donde ir y nadie que abogue por nosotros.” Persona transgénero, Turquía.